domingo, 14 de diciembre de 2025

LA VERDAD SOBRE LA INQUISICIÓN QUE NADIE TE CONTÓ | Lo que revelaron los Archivos del Vaticano

Todo el mundo presume saber lo que fue la Inquisición o Santo Oficio.
Una máquina de matar, un tribunal diabólico, verdugos vestidos de negro, hogueras, torturas, oscurantismo puro.
Si todos lo saben, pero si a todos esos les preguntas qué fue exactamente, dónde y cuándo funcionó, cuál era su finalidad, ahí se quedan mudos o peor, todavía repiten.
Y no porque sean mala gente sino porque se alimentaron de libros entretenidos, panfletos de librerías populares, plataformas como Netflix, novelas pseudohistóricas.
¿Y la verdad histórica?...la verdad histórica, bien, gracias. Esa brilla por su ausencia.
Ahí no hubo sangre raudales, ni inquisidores sádicos riéndose, ni gritos en salas de tortura. Para todo eso está Netflix, o lo encontrás en Dan Brown y en los panfletos de Felipe Pigna.
Esto es otra cosa. Esto es historia, no espectáculo.
¿Sabías que acá en Argentina, donde yo vivo, casi no hay bibliografía seria sobre la Inquisición?
¿Y que en el mundo académico, donde se llenan la boca hablando de rigor científico, se ignoran o directamente se rechazan las fuentes documentales que contradicen el relato oficial?
Sí, así como lo escuchás, estoy hablando de profesores universitarios que incluso se dicen científicos, pero que miran para otro lado cuando se enfrentan con la evidencia real, con la evidencia empírica de cómo las cosas realmente sucedieron.
Es más cómodo quedarse con mitos y repetir lo que dicen los medios, claro, que revisar actas, estudiar archivos, meterse en simposios reales, como por ejemplo el convocado por el Papa Juan Pablo II en 1998.
Sí, la Iglesia investigó la Inquisición más de una vez oficialmente y con expertos de todo el espectro ideológico.
¿Querés saber por qué el tema sigue siendo un blanco tan fácil? Porque huele a Roma. Y si hay algo que el mundo moderno no soporta es a Roma.
Lo que sorprende no es que odien a la Iglesia, no, eso ya es viejo. Lo que sorprende, lo que sigue sorprendiendo es que el enemigo número uno todavía hoy siga siendo un tribunal del siglo XV.
Así que si estás cansado de la historia edulcorada, de la historia manipulada, de la historia deformada y querés saber exactamente qué fue la Inquisición, esta entrada puede servirte.
Mirá lo que dijo al respecto Leo Moulin, un historiador francés, ateo y exmasón, es decir, no precisamente un amigo de la Iglesia Católica.
Él dice, "Haced caso a este viejo incrédulo que sabe lo que se dice. La obra maestra de la propaganda anticristiana es haber logrado crear en los cristianos, sobre todo en los católicos, una mala conciencia, infundiéndoles la inquietud, cuando no la vergüenza por su propia historia. A fuerza de insistir, desde la reforma hasta nuestros días, han conseguido convenceros de que sois los responsables de todos o casi todos los males del mundo. Os han paralizado en la autocrítica masoquista para neutralizar la crítica de lo que ha ocupado vuestro lugar. Feministas, homosexuales, tercermundialistas y tercermundistas, pacifistas, representantes de todas las minorías, contestatarios y descontentos de cualquier ralea, científicos, humanistas, filósofos, ecologistas, defensores de los animales, moralistas, laicos, habéis permitido que todos os pasaran cuentas a menudo falseadas, casi sin discutir. No ha habido problema, error o sufrimiento histórico que no se os haya imputado y vosotros, casi siempre ignorantes de vuestro pasado, habéis acabado por creerlo hasta el punto de respaldarlos. En cambio, yo, agnóstico, pero también un historiador que trata de ser objetivo, os digo que debéis reaccionar en nombre de la verdad. De hecho, a menudo no es cierto, pero si en algún caso lo es, también es cierto que tras un balance de 20 siglos de cristianismo, las luces prevalecen ampliamente sobre las tinieblas"
¿Leíste eso? No lo dijo un papa, no lo dijo un cura, no lo dijo un apologista católico, lo dijo un historiador francés, ateo y exmasón. Y sin embargo, el hombre entendió algo que muchos católicos hoy no se animan ni a susurrar, que nos han lavado el cerebro, nos llenaron de culpa, nos repitieron mil veces que fuimos los malos, los opresores, los asesinos, los quemadores de brujas, los enemigos de progreso.
Y como no conocimos nuestra historia porque nos la ocultaron o nos la contaron mal, no la creímos, nos entregamos sin pelea y hoy somos una Iglesia acomplejada que pide perdón hasta por existir.
Pero acá no vinimos a seguir repitiendo esa cantinela. Vinimos a hacer justicia con la verdad; no a negar errores, no a inventar leyendas blancas. Ah, pero sí vamos a mostrar que las luces de la Iglesia Católica superan y por mucho a sus sombras.
Y la Inquisición, ese monstruo mítico que muchos usan como comodín anticatólico, va a ser el primer caso que pongamos bajo la lupa.
Si estás listo para dejar de pedir disculpas por una historia que no conocés, seguí leyendo.
El Papa Juan Pablo II pidió perdón por la Inquisición.
La escuchás en clases, en redes, en comentarios de católicos bien intencionados e incluso en predicaciones. Pero si vamos a los hechos, lo que encontramos es algo muy distinto a lo que nos vendieron.
En el año 1994 Juan Pablo II, preparándose para el gran jubileo del año 2000, propuso un examen de conciencia a fin del milenio inspirado en el Concilio Vaticano II.
El objetivo, reconocer errores reales cuando los hubiera cometidos por los hijos de la Iglesia a lo largo de 10 siglos. Ojo con esto. No se trataba de condenar instituciones históricas ni de hacer revisionismo ideológico. Se trataba de reconocer en nombre de la verdad los abusos personales cometidos por cristianos concretos y no de reescribir la historia católica como una sucesión de crímenes. Pero obviamente, cuando el Papa dice algo de este tipo los medios hicieron lo suyo. Titulares como "El Papa pide perdón por la brutalidad de la Inquisición", "El Vaticano reconoce sus crímenes" "Juan Pablo II se disculpa por siglos de intolerancia"
Todo esto, falso o manipulado, no es eso lo que estaba haciendo. No es eso lo que dijo. En realidad, el Papa nunca pidió perdón por la Inquisición como institución. Pidió perdón por abusos puntuales cometidos por personas concretas y en muchos casos ya reconocidos y castigados en su propia época.
Pedimos perdón por las divisiones entre cristianos. por el uso de la violencia por algunos cristianos en el servicio de la verdad y por el comportamiento de desconfianza y hostilidad usado a veces hacia los seguidores de otras religiones.
Eso no es una retractación, eso es precisión histórica y honestidad cristiana. Y la intención del Papa era clara: investigar primero, juzgar después.
Por eso convocó el simposio internacional sobre la Inquisición en el año 1998. Quería saber exactamente qué había pasado con evidencia documental y no con relatos manipulados.
La petición de perdón exige conocer con rigor científico los hechos tal y como fueron. Y esto lo decía también el cardenal Joseph Ratzinger años antes de ser papa. Hace muy poco, un profesor italiano liberal estuvo investigando algunos cuántos procesos en los archivos de la Inquisición durante algún tiempo y él mismo declaró que le había defraudado bastante. En vez de encontrar grandes luchas entre la conciencia y el poder, que era lo que él buscaba, lo que allí había eran procesos criminales ordinarios, muy detallados, muy técnicos.
Eso se debe a que el Tribunal de la Inquisición Romana era bastante moderado.
Los mismos procesados por algún delito civil añadían cualquier factor religioso como brujería, profecía, etcétera, a su delito, para que les enviaran ante el Tribunal de la Inquisición. Pues en los tiempos contemporáneos a la Inquisición fue Vox Populi la honestidad de sus funcionarios y de los procesos, pero por sobre todo las buenas condiciones de sus cárceles y el trato que en ellas se dispensaba a los reos. Sí, aunque te suene increíble la Inquisición fue en muchos casos más humana y benévola que los tribunales del Estado.
Y no lo dice un cura de sotana, lo dice un profesor liberal que fue en búsqueda de barbaridades y volvió con aburridas actas judiciales.
Y Benedicto XVI lo advirtió claramente en el año 2008. Los medios no solo difunden ideas, a veces crean los acontecimientos mismos.
Un comunicador puede intentar informar, educar, entretener, pero el valor final de cualquier comunicación reside en su veracidad. Y con esto tocamos el corazón del problema. Los medios crearon la imagen de que la Iglesia católica se había confesado culpable de toda barbarie inventada por los enemigos de Roma.
Eso claramente no fue así. Y muchos católicos ignorando su historia se la creyeron. Y hablando de mitos, vamos con el clásico "La iglesia quemó miles de brujas en la Edad Media"
Falso, absolutamente falso.
La gran caza de brujas no fue obra de la Iglesia Católica sino de los protestantes. ¿Sabías que en los tribunales inquisitoriales las acusaciones de brujería eran las más descartadas?
En España, por ejemplo, en más de 125,000 causas registradas, menos del 1% están relacionadas con brujería.
Y en la mayoría de los casos los acusados fueron absueltos. El Papa nunca pidió perdón por la quema de brujas, porque la Iglesia no fue responsable de esa persecución. ¿Y sabes quiénes sí deberían revisar ese capítulo? Los reformadores protestantes. Es verdad, le guste a quien le guste. Que desataron cacerías masivas, especialmente en Alemania y en Suiza.
Ahora bien, Juan Pablo II sabía que su gesto podía ser mal interpretado.
Se lo advirtieron, pero él prefirió hablar con la verdad. Lo que no podemos permitirnos los católicos es seguir comiéndonos el relato.
La Inquisición no fue perfecta, por favor, pero tampoco fue lo que te contaron.
Y el Papa Juan Pablo II no pidió perdón por la Inquisición como tribunal porque no correspondía. Este es el tipo de revisionismo que debe hacerse, no para negar errores; estos no deben negarse, pero sí debemos dejar de tragarnos las mentiras que nos han estado vendiendo por siglos.
Dijimos que Juan Pablo II nunca pidió perdón por la Inquisición como institución, sino por algunos abusos concretos. Pero hay algo más.
Hizo algo que ninguna otra institución ha hecho jamás: puso toda su historia en manos de expertos y les dijo: "Investiguen todo, absolutamente todo"
Entre el 29 y el 31 de octubre de 1998 tuvo lugar en Roma el simposio internacional sobre la Inquisición, convocado por el Papa e impulsado por la Comisión Teológica Internacional y el Comité para el gran jubileo del año 2000.
Dijo el Papa Juan Pablo II que "antes de pedir perdón es necesario conocer exactamente los hechos" y agrega en qué medida la imagen actual de la Inquisición es fiel a la realidad. Y esa es la pregunta clave, porque la imagen que vos tenés sobre la Inquisición no viene de documentos históricos en la mayoría de los casos, sino de novelas, de series, de panfletos protestantes en su gran mayoría.
El Papa lo dijo claramente, la Iglesia no teme someter su pasado al juicio de los historiadores y la comisión fue tajante. La Iglesia confía en la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios confesionales o ideológicos.
Hubo más de 50 expertos internacionales de distintos credos y posturas ideológicas, hablando de transparencia, que tuvieron acceso completo a los archivos del Vaticano, sin condicionamientos y sin censura. Y el trabajo fue publicado en 2004 en un tomo de casi 1000 páginas titulado "La Inquisición", coordinado por Agostino Borromeo.
Eso no lo hace nadie. La Iglesia no solo se animó a abrir sus archivos sino que lo hizo por tercera vez.
Ya los había abierto en 1840 y en 1881. Como dijo el Papa Pablo VI, debemos aceptar las críticas con humildad, reflexión y hasta con reconocimiento. Pero a las acusaciones infundadas respondemos siempre con dignidad, sin polémica.
¿Y qué se buscaba? Separar la verdad histórica del mito propagandístico.
Como dijo la comisión, el protestantismo ha creado una nueva historiografía de la iglesia con el objetivo de demostrar no solo que está manchada por el pecado, sino que está totalmente corrompida. Esto lo dijo el cardenal Ratzinger el 7 de marzo del año 2000 en ocasión de la presentación en la sala de prensa de la Santa Sede. Ahora, el objetivo acá era claro, purificar la memoria, no para autoflagelarse, sino para sanar desde la verdad. Como dijo el cardenal Cotier en una entrevista con Senit en 1998, no podemos pedir perdón por pecados inventados. La historia de la Inquisición no es la historia de la Iglesia. La Iglesia es santa, produce frutos de santidad y si bien la Inquisición tuvo defectos, no representa el camino de la Iglesia y agrega algo fundamental que toda persona con sentido común debería tener presente. Hoy se condenan los métodos de la Inquisición, pero se aplauden el aborto y la eutanasia. No hay progreso moral automático. Se avanza en un campo y se retrocede en otro. Tenemos que pedir perdón por algunos pecados cometidos en la historia. Pero se corre el riesgo de pedir perdón por hechos que nunca existieron. Sí, lo dijo un cardenal, hechos que nunca existieron y sin embargo siguen repitiéndose como dogma en los medios, en universidades y hasta en libros de historia. cristiana. La Inquisición combatió un mal real, la herejía que amenazaba la fe y destruía la unidad de la Iglesia y la sociedad.
Luchar contra ideas peligrosas sigue siendo una necesidad. Hoy la Iglesia no le tiene miedo a su historia. Los que deberían tener miedo son los que repiten clichés sin haber leído ni una fuente primaria.
El simposio de 1998 fue un acto de lealtad con la verdad. Y lo que dejó al descubierto fue que la Inquisición no ha sido el monstruo medieval que la propaganda moderna necesitaba para atacar a la Iglesia.
La historia no necesita más verdugos, necesita testigos.
En 1995, en la encíclica Etunum Sint, Juan Pablo II escribió: "En el grado en que somos responsables, imploro perdón"
Y aquí está el punto, en el grado en que somos responsables. ¿Y cuál era ese grado? ¿Qué tanto hay de verdad en las leyendas negras que repiten incluso muchos católicos sin saber? Para responder eso se convocó el simposio internacional sobre la Inquisición que hemos ya mencionado. Como dijimos, los resultados de esa investigación monumental se publicaron en un volumen de casi 1000 páginas coordinado por Agostino Borromeo, un historiador de la Universidad La Sapienza.
Y el volumen se titula simplemente "La Inquisición"
Y lo que encontraron destruye de raíz toda la propaganda anticatólica que llevamos escuchando por siglos.
Veamos lo que dice Borromeo en la presentación de los resultados de sus estudios.
De los 44,674 juicios entre 1540 y 1700, solo el 1.8% fue condenado a muerte. Y de ese total, apenas el 0.1 1% fue efectivamente ejecutado.
Traducción en números: 44,674 juicios, 1.8% condenados a muerte, es decir, aproximadamente 804 personas, de las cuales 0.1% fueron ejecutados. 
25 personas en 160 años y a eso llaman genocidio, barbarie, terror inquisitorial.
En Estados Unidos, desde 1976 hasta principios del 2025 se han ejecutado aproximadamente 16 personas, pero la Inquisición fue sangrienta y genocida porque en casi 45,000 casos judiciales en los que intervino, 25 fueron condenados como herejes y entregados al poder civil que terminó ejecutándolos. Porque que quede bien claro: la Inquisición no ejecutaba, lo hacía el poder civil.
25 en 160 años. Pero los Estados Unidos no son genocidas por registrar 16 condenados, ejecutados en menos de 50 años, ¿no es cierto?
Veamos los números desglosados, por ejemplo, en casos de brujería. Sí. Gente acusada por brujería o hechicería. 
En España, el país donde la Inquisición estuvo más activa, de 125,000 acusaciones por brujería solo 59 fueron ajusticiadas. En Italia, 36. En Portugal, 4.
¿Se animan a hacer la comparativa? 
En la Alemania protestante, 25,000 ejecuciones.
En Suiza, también protestante, 4,000 ejecuciones en una población de 1 millón.
En Polonia, Lituania, 10,000 sobre 3.4 millones de habitantes.
En Dinamarca, Noruega, 1350 sobre menos de 1 millón de de habitantes en su población.
La diferencia es escandalosa y los protestantes nos vienen a decir a nosotros que los católicos han sido genocidas; pero ellos, ¿qué hacen con su historia?: La esconden, se la comen, se la fuman, ¿cómo esconden tremendos números y encima nos vienen a denunciar a nosotros y se quejan por menos de 100 ejecuciones, adjudicándonos encima sus números a nosotros? ¿Qué clase de chiste es esto? ¿Quién ejecutaba masivamente por brujería?
No era la Iglesia sino los tribunales civiles protestantes.
Pero a eso nunca te lo contaron porque es políticamente correcto defender a Lutero y a su Reforma mientras se ataca a la Iglesia de Jesucristo.
Siempre fue así, siempre lo será.
Lo políticamente incorrecto es lo que estoy haciendo yo ahora. Esto que estamos haciendo acá es una blasfemia en un mundo de memes de Netflix, de History Channel, de leyendas negras que todos se creen porque muy pocos se atreven a leer de verdad para encontrar lo que verdaderamente sucedió.
El libro de casi 1000 páginas que se publicó revelando todas las estadísticas de la Inquisición deja en claro dos cosas fundamentales.
Primero, la tortura no era norma sino excepción estrictamente regulada.
Dos, la mayoría de las penas no eran físicas sino espirituales o disciplinarias; por ejemplo: peregrinaciones, rezos, confesiones públicas, ayunos, prohibición de enseñar.
La imagen de que la Inquisición era una fábrica de hogueras es simplemente falsa. Y más aún, la Iglesia tenía penas mucho más leves que los tribunales civiles de su tiempo. Inclusive, si el acusado se arrepentía de sus pecados y de sus crímenes, en muchísimos casos la Inquisición removía la culpa completamente y la persona quedaba libre y sin castigo alguno.
Por eso tantos criminales preferían ser juzgados por la Inquisición antes que por los tribunales civiles locales, porque ahí sí tendrían derechos mientras que con los otros era una muerte segura.
Los autores de esta obra también insisten en algo fundamental. No se puede juzgar el siglo XV con la mentalidad del siglo XXI. La tortura y la pena de muerte eran prácticas universales en esa época no inventos de catolicismo.
Y en muchos casos una acusación de herejía enardecía tanto a las masas que linchaban al acusado directamente sin esperar que la justicia se expidiera.
La Inquisición intervino en muchísimos de estos casos, deteniendo a las masas, evitando el derramamiento de sangre injusto, investigando el caso, recolectando evidencia y absolviendo al acusado de pena y culpa.
Pero a eso nadie te lo cuenta. No vende, no enoja a nadie, no genera el odio necesario contra la Iglesia así que no sirve ese relato, no sirve...
Y no, Juan Pablo II no manipuló datos, pidió a los historiadores, incluso historiadores no católicos, que lo investigaran todo y sin filtro.
Se les dio acceso completo a los archivos de Vaticano, sin censura, sin pauta oficial, sin nada. Puertas abiertas, documentos a plena disposición, incluso historiadores liberales que hubieran querido hundir a la Iglesia con sus propios archivos salieron con las manos vacías y tuvieron que admitir que era todo una leyenda negra, una gran mentira, un mito, un panfleto inventado por los protestantes para ocultar su propia culpa y utilizado por los estados para promover la separación el estado e Iglesia hasta el extremo absoluto.
Juan Pablo II agregó: "Aprecio vivamente este trabajo. La búsqueda histórica debe servir a la verdad"
En 2005, el entonces Papa Benedicto XVI fue entrevistado por History Channel. Su respuesta: "la Inquisición fue un gran progreso porque desde entonces nadie podía ser condenado sin una investigación" 
¿Por qué dice esto? ¡Porque antes no hacía falta evidencia para que te ejecuten! Es difícil entenderlo para nosotros hoy porque vivimos en este tiempo, pero en aquella época era así y de eso hay cientos de registros históricos.
¿Te das cuenta? El tribunal más demonizado de la historia en su tiempo era un avance judicial. Y aún así muchos católicos repiten con vergüenza lo que escucharon del mundo, sin saber que están repitiendo las mentiras fabricadas por el enemigo.
Inocente hasta que se demuestre lo contrario. ¿Te gusta ese principio legal? ¿Cierto? ¿No irías a un juicio sin saber que tenés esa garantía? ¡Gracias, Santa Inquisición!
La historia necesita justicia, no ajuste de cuentas.
La Inquisición no fue perfecta, pero ni cerca el infierno que el anticatolicismo ha vendido durante varios siglos.
Los estudios lo prueban, las cifras lo confirman y la Iglesia, lejos de esconderse, se animó a contarlo todo tres veces ya.
En 1997, con voz serena, pero cargada de dolor, Juan Pablo II dejó dejó caer una frase que pasaría casi inadvertida por el mundo, pero que encierra una de las denuncias más honestas de su pontificado. 
La Iglesia y el Papa son los que siempre piden perdón mientras otros permanecen callados. Tal vez esa sea la forma en que las cosas se tienen que dar, pero no deja de doler. Porque mientras la Iglesia se somete a al juicio de la historia y se flagela públicamente en busca de reconciliación, el silencio cómplice de otros poderes, sean estos políticos, ideológicos, religiosos, o culturales, reina con impunidad.
Así lo reconocía también la Comisión Teológica Internacional en Memoria y Reconciliación cuando decía: "En el plano ecuménico es aún más de desear que estos actos de arrepentimiento sean realizados en reciprocidad"
Juan Pablo II llegó a realizar más de 100 actos de reconocimiento de culpa dirigiéndose a pueblos indígenas, mujeres, ortodoxos, protestantes y hasta científicos. Pero nunca exigió reciprocidad, nunca la esperó. Sin embargo, los hechos están ahí.
Como recordaba el entonces cardenal Ratzinger, no se pueden cerrar los ojos ante todo el bien que la Iglesia ha hecho en estos últimos dos siglos, devastados por las crueldades de los ateísmos. 
Y no se refería a una figura retórica. Según el libro negro del comunismo, los regímenes comunistas asesinaron a más de 100 millones de cristianos solo en el siglo XX.
Pero hay más.
¿Quién pide perdón por el genocidio de La Vendeé en manos de la masonería jacobina?
O ¿quién responde por los 500,000 campesinos franceses asesinados por profesar la fe católica?
¿Y dónde está el mea culpa por los crímenes de las brigadas rojas en México o España? Por Hiroshima, por Nagasaki, por Dresden, por la ocupación en Medio Oriente.
El cardenal Bifi lo resumió con una sola pregunta punante: ¿A quién pedirá cuentas la humanidad por los innumerables guillotinados franceses en 1793, ajusticiados sin otra causa que la de pertenecer a un grupo social?
Por su parte, el historiador Franco Cardini reclamaba: "Sería gratificante escuchar expresiones de pesar por parte de la reina de Inglaterra o de las iglesias protestantes o de los líderes ortodoxos rusos o incluso del mundo musulmán o de China por el actual trato a la Iglesia Católica. Porque mientras la Iglesia se inclina con humildad para reconocer errores pasados, otros se sientan en sus sillones condenándola sin jamás mirar su propio prontuario. Y es el mismo Juan Pablo II quien advierte que ese desequilibrio puede ser peligroso. Lo que hay que evitar, decía él, es que estos actos sean interpretados como confirmaciones de posibles prejuicios respecto al cristianismo. Y lo dice más claramente: "La historia de las religiones está revestida de intolerancia, superstición, convivencia con poderes injustos y negación de la libertad de conciencia. Por eso su pedido de perdón no es una retractación de la historia católica sino un acto de valentía evangélica. No se niega el bien hecho, se lo distingue, no se borra la historia, se purifica la memoria"
Tal vez, como él dijo, así tengan que ser las cosas, pero eso no significa que no tengamos que decirlo. Y ya es hora de que otros también pidan perdón.
Mientras la Iglesia se somete al juicio de la historia sus enemigos manipulan la historia para juzgarla. El verdadero escándalo no está en el mea culpa del cristianismo sino en el silencio de quienes tienen mucho más que confesar y no lo han hecho. Muchos, incluso desde dentro, confunden a la Iglesia con sus hijos y a sus hijos con la Iglesia, pero claramente no son lo mismo.
El Concilio Vaticano II y más recientemente la Comisión Teológica Internacional lo dejó bien claro. La Iglesia es santa e inmaculada, aunque recibe en su seno a pecadores llamados a la penitencia permanente, como explica el cardenal Giacomo Biffi siguiendo la enseñanza de San Ambrosio.
Las heridas de los pecados no laceran a la esposa de Cristo sino a quienes los cometen. La Iglesia es santa por Cristo, no por sus hijos.
Qué importante es esto, porque si no entendemos esta distinción terminamos creyendo que la Iglesia como institución tiene que pedir perdón por cada pecado individual como si fueran suyos.
Pablo VI fue claro, la Iglesia sufre por los pecados de sus hijos y tiene el poder de curarlos; sin embargo, esta verdad tan elemental ha sido silenciada a veces por omisión, otras por cobardía, por muchos que deberían haberla defendido. Y en ese vacío han proliferado los errores, la ignorancia del sacerdote común, el conformismo del católico mistongo, que pide perdón por todo, hasta por lo que no le corresponde. Y peor aún, la traición del católico de mala voluntad. que conociendo la verdad la niega.
Teólogos como Hans Kung o Von Balthazar han permitido atribuir a la Iglesia crímenes más grandes que los inventados por sus propios enemigos. Y así se forma un magisterio paralelo, una contraiglesia infiltrada, denunciada por Pablo VI como el humo de Satanás que ha entrado al templo de Dios. Pero si no defendemos la verdad histórica y doctrinal de la Iglesia, ¿quién lo hará?
El rabino Judá Levin, sí, un rabino ortodoxo, lo entendió mejor que muchos católicos. La Iglesia no necesita ser destruida desde fuera: los católicos culturales e izquierdistas lo hacen desde dentro.
Es tiempo de que sacerdotes, obispos y fieles vuelvan a formarse, a instruir y a combatir la ignorancia, porque no hay mayor escándalo que dejar que un error reine en nombre de la verdad.
Que quede bien claro entonces, Juan Pablo II y Benedicto XVI nunca condenaron al Tribunal de la Inquisición. Por el contrario, se basaron en investigaciones serias para defender su carácter esencialmente justo.
Los pedidos de perdón nunca apuntaron a la doctrina ni a las instituciones de la Iglesia, sino únicamente a abusos particulares de algunos hijos desobedientes. No existe ningún documento magistral que condene a la Inquisición. Lo que existe son opiniones personales, ni infalibles ni vinculantes. Los teólogos progresistas y algunos medios católicos no representan a la Iglesia y sus opiniones no tienen ni autoridad ni peso doctrinal.
Y la conclusión del simposio internacional sobre la Inquisición fue clara: esta fue un tribunal justo donde más del 98% de los acusados no fueron ejecutados y donde se ofrecieron garantías procesales únicas para la época.
Esta es la verdad. Y como dijo Juan Pablo II, no se puede pedir perdón por lo que no es culpa, pero sí hay que pedir perdón por los pecados reales para poder caminar hacia la verdad.
Nosotros no queremos defender el pecado pero tampoco vamos a permitir que se condene
a la santidad.
La Iglesia es santa: Cristo no se casó con una prostituta, lo hizo con una reina.
Y nosotros no seremos los que la escupan en el rostro a fin de agradarle al mundo y ser políticamente correctos...

Pablo / @DruidBloggerOK


-desgrabación y organización textual de video editado en youtube por Guido Lizzi-







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