Todo
el mundo presume saber lo que fue la Inquisición o Santo Oficio.
Una máquina de matar, un tribunal
diabólico, verdugos vestidos de negro, hogueras, torturas, oscurantismo puro.
Si todos lo saben, pero si a todos esos les preguntas qué fue exactamente, dónde y cuándo
funcionó, cuál era su finalidad, ahí se quedan mudos o peor, todavía repiten.
Y
no porque sean mala gente sino porque se alimentaron de libros entretenidos,
panfletos de librerías populares, plataformas como Netflix, novelas pseudohistóricas.
¿Y la verdad
histórica?...la verdad histórica, bien, gracias. Esa brilla por su ausencia.
Ahí no hubo sangre raudales, ni inquisidores sádicos riéndose, ni gritos en salas de
tortura. Para todo eso está Netflix, o lo encontrás en Dan Brown y en los panfletos de
Felipe Pigna.
Esto es otra cosa. Esto es historia, no espectáculo.
¿Sabías que
acá en Argentina, donde yo vivo, casi no hay bibliografía seria sobre la
Inquisición?
¿Y que en el mundo académico, donde se llenan la boca hablando de
rigor científico, se ignoran o directamente se rechazan las fuentes
documentales que contradicen el relato oficial?
Sí, así como lo escuchás, estoy
hablando de profesores universitarios que incluso se dicen científicos, pero
que miran para otro lado cuando se enfrentan con la evidencia real, con la
evidencia empírica de cómo las cosas realmente sucedieron.
Es
más cómodo quedarse con mitos y repetir lo que dicen los medios, claro, que
revisar actas, estudiar archivos, meterse en simposios reales, como por ejemplo
el convocado por el Papa Juan Pablo II en 1998.
Sí, la Iglesia investigó la
Inquisición más de una vez oficialmente y con expertos de todo el espectro
ideológico.
¿Querés saber por qué el tema sigue siendo un blanco tan fácil?
Porque huele a Roma. Y si hay algo que el mundo moderno no soporta es a Roma.
Lo que sorprende no es que odien a la Iglesia, no, eso ya es viejo. Lo que
sorprende, lo que sigue sorprendiendo es que el enemigo número uno todavía hoy
siga siendo un tribunal del siglo XV.
Así que si estás cansado de la historia
edulcorada, de la historia manipulada, de la historia deformada y querés saber
exactamente qué fue la Inquisición, esta entrada puede servirte.
Mirá lo que dijo al
respecto Leo Moulin, un historiador francés, ateo y exmasón, es decir, no
precisamente un amigo de la Iglesia Católica.
Él dice, "Haced caso a este
viejo incrédulo que sabe lo que se dice. La obra maestra de la propaganda
anticristiana es haber logrado crear en los cristianos, sobre todo en los
católicos, una mala conciencia, infundiéndoles la inquietud, cuando no la
vergüenza por su propia historia. A fuerza de insistir, desde la reforma hasta
nuestros días, han conseguido convenceros de que sois los responsables de todos
o casi todos los males del mundo. Os han paralizado en la autocrítica
masoquista para neutralizar la crítica de lo que ha ocupado vuestro lugar. Feministas, homosexuales, tercermundialistas y tercermundistas, pacifistas,
representantes de todas las minorías, contestatarios y descontentos de cualquier
ralea, científicos, humanistas, filósofos, ecologistas, defensores de los
animales, moralistas, laicos, habéis permitido que todos os pasaran cuentas a
menudo falseadas, casi sin discutir. No ha habido problema, error o sufrimiento
histórico que no se os haya imputado y vosotros, casi siempre ignorantes de
vuestro pasado, habéis acabado por creerlo hasta el punto de respaldarlos. En
cambio, yo, agnóstico, pero también un historiador que trata de ser objetivo,
os digo que debéis reaccionar en nombre de la verdad. De hecho, a menudo no es
cierto, pero si en algún caso lo es, también es cierto que tras un balance de
20 siglos de cristianismo, las luces prevalecen ampliamente sobre las
tinieblas"
¿Leíste eso? No lo dijo un papa, no lo dijo un cura, no lo dijo
un apologista católico, lo dijo un historiador francés, ateo y exmasón. Y sin
embargo, el hombre entendió algo que muchos católicos hoy no se animan ni a
susurrar, que nos han lavado el cerebro, nos llenaron de culpa, nos repitieron
mil veces que fuimos los malos, los opresores, los asesinos, los quemadores de
brujas, los enemigos de progreso.
Y como no conocimos nuestra historia porque nos
la ocultaron o nos la contaron mal, no la creímos, nos entregamos sin pelea y
hoy somos una Iglesia acomplejada que pide perdón hasta por existir.
Pero acá
no vinimos a seguir repitiendo esa cantinela. Vinimos a hacer justicia con la
verdad; no a negar errores, no a inventar leyendas blancas. Ah, pero sí vamos a
mostrar que las luces de la Iglesia Católica superan y por
mucho a sus sombras.
Y la Inquisición, ese monstruo mítico que muchos usan como
comodín anticatólico, va a ser el primer caso que pongamos bajo la lupa.
Si
estás listo para dejar de pedir disculpas por una historia que no conocés, seguí leyendo.
El Papa Juan Pablo II pidió perdón por la Inquisición.
La
escuchás en clases, en redes, en comentarios de católicos bien intencionados e
incluso en predicaciones. Pero si vamos a los hechos, lo que encontramos es
algo muy distinto a lo que nos vendieron.
En el año 1994 Juan Pablo II,
preparándose para el gran jubileo del año 2000, propuso un examen de conciencia
a fin del milenio inspirado en el Concilio Vaticano II.
El objetivo,
reconocer errores reales cuando los hubiera cometidos por los hijos de la
Iglesia a lo largo de 10 siglos. Ojo con esto. No se trataba de condenar
instituciones históricas ni de hacer revisionismo ideológico. Se trataba de
reconocer en nombre de la verdad los abusos personales cometidos por cristianos
concretos y no de reescribir la historia católica como una sucesión de
crímenes. Pero obviamente, cuando el Papa dice algo de este tipo los medios
hicieron lo suyo. Titulares como "El Papa pide perdón por la brutalidad de la
Inquisición", "El Vaticano reconoce sus crímenes" "Juan Pablo II se disculpa
por siglos de intolerancia"
Todo esto, falso o manipulado, no es eso lo que
estaba haciendo. No es eso lo que dijo. En realidad, el Papa nunca pidió perdón
por la Inquisición como institución. Pidió perdón por abusos puntuales
cometidos por personas concretas y en muchos casos ya reconocidos y castigados
en su propia época.
Pedimos perdón por las divisiones entre cristianos. por el
uso de la violencia por algunos cristianos en el servicio de la verdad y por el
comportamiento de desconfianza y hostilidad usado a veces hacia los seguidores
de otras religiones.
Eso no es una retractación, eso es precisión histórica y
honestidad cristiana. Y la intención del Papa era clara: investigar primero,
juzgar después.
Por eso convocó el simposio internacional sobre la Inquisición
en el año 1998. Quería saber exactamente qué había pasado con evidencia
documental y no con relatos manipulados.
La petición de perdón exige conocer
con rigor científico los hechos tal y como fueron. Y esto lo decía también el
cardenal Joseph Ratzinger años antes de ser papa. Hace muy poco, un
profesor italiano liberal estuvo investigando algunos cuántos procesos en los
archivos de la Inquisición durante algún tiempo y él mismo declaró que le había
defraudado bastante. En vez de encontrar grandes luchas entre la conciencia y
el poder, que era lo que él buscaba, lo que allí había eran procesos criminales
ordinarios, muy detallados, muy técnicos.
Eso se debe a que el Tribunal de la
Inquisición Romana era bastante moderado.
Los mismos procesados por algún
delito civil añadían cualquier factor religioso como brujería, profecía,
etcétera, a su delito, para que les enviaran ante el Tribunal de la Inquisición.
Pues en los tiempos contemporáneos a la Inquisición fue Vox
Populi la honestidad de sus funcionarios y de los procesos, pero por sobre todo
las buenas condiciones de sus cárceles y el trato que en ellas se dispensaba a
los reos. Sí, aunque te suene increíble la Inquisición fue en muchos casos más
humana y benévola que los tribunales del Estado.
Y no lo dice un cura de sotana, lo dice
un profesor liberal que fue en búsqueda de barbaridades y volvió con aburridas actas
judiciales.
Y Benedicto XVI lo advirtió claramente en el año 2008. Los medios no
solo difunden ideas, a veces crean los acontecimientos mismos.
Un comunicador
puede intentar informar, educar, entretener, pero el valor final de cualquier
comunicación reside en su veracidad. Y con esto tocamos el corazón del
problema. Los medios crearon la imagen de que la Iglesia católica se había
confesado culpable de toda barbarie inventada por los enemigos de Roma.
Eso claramente no
fue así. Y muchos católicos ignorando su historia se la creyeron. Y hablando de
mitos, vamos con el clásico "La iglesia quemó miles de brujas en la Edad Media"
Falso, absolutamente falso.
La gran caza de brujas no fue obra de la Iglesia
Católica sino de los protestantes. ¿Sabías que en los tribunales
inquisitoriales las acusaciones de brujería eran las más descartadas?
En
España, por ejemplo, en más de 125,000 causas registradas, menos del 1% están
relacionadas con brujería.
Y en la mayoría de los casos los acusados fueron
absueltos. El Papa nunca pidió perdón por la quema de brujas, porque la Iglesia
no fue responsable de esa persecución. ¿Y sabes quiénes sí deberían revisar ese
capítulo? Los reformadores protestantes. Es verdad, le guste a quien le guste.
Que desataron cacerías masivas, especialmente en Alemania y en Suiza.
Ahora
bien, Juan Pablo II sabía que su gesto podía ser mal interpretado.
Se lo advirtieron, pero él prefirió hablar con la verdad. Lo que no podemos
permitirnos los católicos es seguir comiéndonos el relato.
La
Inquisición no fue perfecta, por favor, pero tampoco fue lo
que te contaron.
Y el Papa Juan Pablo II no pidió perdón por la Inquisición
como tribunal porque no correspondía. Este es el tipo de revisionismo que debe hacerse, no para negar errores; estos no deben negarse, pero sí debemos dejar de tragarnos las mentiras que nos han estado vendiendo por
siglos.
Dijimos que Juan Pablo II nunca pidió perdón por
la Inquisición como institución, sino por algunos abusos concretos. Pero hay
algo más.
Hizo algo que ninguna otra
institución ha hecho jamás: puso toda su historia en manos
de expertos y les dijo: "Investiguen todo, absolutamente todo"
Entre
el 29 y el 31 de octubre de 1998 tuvo lugar en Roma el simposio internacional
sobre la Inquisición, convocado por el Papa e impulsado por la Comisión
Teológica Internacional y el Comité para el gran jubileo del año 2000.
Dijo el
Papa Juan Pablo II que "antes de pedir perdón es necesario conocer exactamente los
hechos" y agrega en qué medida la imagen actual de la Inquisición es fiel a la
realidad. Y esa es la pregunta clave, porque la imagen que vos tenés sobre la
Inquisición no viene de documentos históricos en la mayoría de los casos, sino
de novelas, de series, de panfletos protestantes en su gran mayoría.
El Papa lo
dijo claramente, la Iglesia no teme someter su pasado al juicio de los
historiadores y la comisión fue tajante. La Iglesia confía en la paciente y
honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios confesionales o
ideológicos.
Hubo más de 50 expertos internacionales de distintos credos y
posturas ideológicas, hablando de transparencia, que tuvieron acceso completo a
los archivos del Vaticano, sin condicionamientos y sin censura. Y el trabajo fue
publicado en 2004 en un tomo de casi 1000 páginas titulado "La Inquisición",
coordinado por Agostino Borromeo.
Eso no lo hace nadie. La Iglesia no solo se
animó a abrir sus archivos sino que lo hizo por tercera vez.
Ya los había
abierto en 1840 y en 1881. Como dijo el Papa Pablo VI, debemos aceptar las
críticas con humildad, reflexión y hasta con reconocimiento. Pero a las
acusaciones infundadas respondemos siempre con dignidad, sin polémica.
¿Y qué
se buscaba? Separar la verdad histórica del mito propagandístico.
Como dijo la
comisión, el protestantismo ha creado una nueva historiografía de la iglesia
con el objetivo de demostrar no solo que está manchada por el pecado, sino que
está totalmente corrompida. Esto lo dijo el cardenal Ratzinger el 7 de marzo
del año 2000 en ocasión de la presentación en la sala de prensa de la Santa
Sede. Ahora, el objetivo acá era claro, purificar la memoria, no para
autoflagelarse, sino para sanar desde la verdad. Como dijo el cardenal Cotier
en una entrevista con Senit en 1998, no podemos pedir perdón por pecados
inventados. La historia de la Inquisición no es la historia de la Iglesia. La
Iglesia es santa, produce frutos de santidad y si bien la Inquisición tuvo
defectos, no representa el camino de la Iglesia y agrega algo fundamental que
toda persona con sentido común debería tener presente. Hoy se condenan los
métodos de la Inquisición, pero se aplauden el aborto y la eutanasia. No hay
progreso moral automático. Se avanza en un campo y se retrocede en otro.
Tenemos que pedir perdón por algunos pecados cometidos en la historia. Pero se
corre el riesgo de pedir perdón por hechos que nunca existieron. Sí, lo dijo un
cardenal, hechos que nunca existieron y sin embargo siguen repitiéndose como
dogma en los medios, en universidades y hasta en libros de historia. cristiana.
La Inquisición combatió un mal real, la herejía que amenazaba la fe y destruía
la unidad de la Iglesia y la sociedad.
Luchar contra ideas peligrosas sigue siendo
una necesidad. Hoy la Iglesia no le tiene miedo a su historia. Los que deberían
tener miedo son los que repiten clichés sin haber leído ni una fuente primaria.
El simposio de 1998 fue un acto de lealtad con la verdad. Y lo que dejó al
descubierto fue que la Inquisición no ha sido el monstruo medieval que la propaganda
moderna necesitaba para atacar a la Iglesia.
La historia no necesita más
verdugos, necesita testigos.
En 1995, en la encíclica Etunum
Sint, Juan Pablo II escribió: "En el grado en que somos responsables,
imploro perdón"
Y aquí está el punto, en el grado en que somos
responsables. ¿Y cuál era ese grado? ¿Qué tanto hay de verdad en las leyendas
negras que repiten incluso muchos católicos sin saber? Para responder eso se
convocó el simposio internacional sobre la Inquisición que hemos ya mencionado. Como dijimos, los resultados de esa investigación monumental
se publicaron en un volumen de casi 1000 páginas coordinado por Agostino
Borromeo, un historiador de la Universidad La Sapienza.
Y el volumen se titula simplemente "La Inquisición"
Y lo que encontraron destruye de raíz
toda la propaganda anticatólica que llevamos escuchando por siglos.
Veamos lo
que dice Borromeo en la presentación de los resultados de sus estudios.
De los
44,674 juicios entre 1540 y 1700, solo el 1.8% fue condenado a muerte. Y de ese
total, apenas el 0.1 1% fue efectivamente ejecutado.
Traducción en números: 44,674 juicios, 1.8% condenados a muerte, es decir, aproximadamente 804
personas, de las cuales 0.1% fueron ejecutados.
25 personas en 160 años y a eso llaman genocidio, barbarie, terror inquisitorial.
En Estados Unidos, desde 1976 hasta principios del 2025 se han ejecutado
aproximadamente 16 personas, pero la Inquisición fue sangrienta y genocida porque en
casi 45,000 casos judiciales en los que intervino, 25 fueron condenados como herejes y
entregados al poder civil que terminó ejecutándolos. Porque que quede bien claro: la Inquisición no ejecutaba, lo hacía el poder civil.
25 en 160 años. Pero los
Estados Unidos no son genocidas por registrar 16 condenados, ejecutados en
menos de 50 años, ¿no es cierto?
Veamos los números desglosados, por ejemplo,
en casos de brujería. Sí. Gente acusada por brujería o hechicería.
En España,
el país donde la Inquisición estuvo más activa, de 125,000 acusaciones por
brujería solo 59 fueron ajusticiadas. En Italia, 36. En Portugal, 4.
¿Se
animan a hacer la comparativa?
En la Alemania protestante, 25,000 ejecuciones.
En
Suiza, también protestante, 4,000 ejecuciones en una población de 1 millón.
En
Polonia, Lituania, 10,000 sobre 3.4 millones de habitantes.
En Dinamarca,
Noruega, 1350 sobre menos de 1 millón de de habitantes en su población.
La
diferencia es escandalosa y los protestantes nos vienen a decir a nosotros que los católicos han sido genocidas; pero ellos, ¿qué hacen con su historia?: La esconden, se
la comen, se la fuman, ¿cómo esconden tremendos números y encima nos vienen a
denunciar a nosotros y se quejan por menos de 100 ejecuciones, adjudicándonos encima sus números a nosotros? ¿Qué clase de chiste es esto? ¿Quién ejecutaba
masivamente por brujería?
No era la Iglesia sino los tribunales civiles
protestantes.
Pero a eso nunca te lo contaron porque es políticamente correcto
defender a Lutero y a su Reforma mientras se ataca a la Iglesia de Jesucristo.
Siempre fue así, siempre lo será.
Lo políticamente incorrecto es lo que estoy
haciendo yo ahora. Esto que estamos haciendo acá es una blasfemia en un mundo
de memes de Netflix, de History Channel, de leyendas negras que todos se creen
porque muy pocos se atreven a leer de verdad para encontrar lo que verdaderamente
sucedió.
El libro de casi 1000 páginas que se publicó revelando todas las
estadísticas de la Inquisición deja en claro dos cosas fundamentales.
Primero,
la tortura no era norma sino excepción estrictamente regulada.
Dos, la mayoría
de las penas no eran físicas sino espirituales o disciplinarias; por ejemplo: peregrinaciones, rezos, confesiones públicas, ayunos, prohibición de enseñar.
La imagen de que la Inquisición era una fábrica de hogueras es
simplemente falsa. Y más aún, la Iglesia tenía penas mucho más leves que los
tribunales civiles de su tiempo. Inclusive, si el acusado se arrepentía de sus
pecados y de sus crímenes, en muchísimos casos la Inquisición removía la culpa
completamente y la persona quedaba libre y sin castigo alguno.
Por eso tantos
criminales preferían ser juzgados por la Inquisición antes que por los
tribunales civiles locales, porque ahí sí tendrían derechos mientras que con
los otros era una muerte segura.
Los autores de esta obra también insisten en
algo fundamental. No se puede juzgar el siglo XV con la mentalidad del siglo
XXI. La tortura y la pena de muerte eran prácticas universales en esa época no
inventos de catolicismo.
Y en muchos casos una acusación de herejía enardecía
tanto a las masas que linchaban al acusado directamente sin esperar que la
justicia se expidiera.
La Inquisición intervino en muchísimos de estos casos,
deteniendo a las masas, evitando el derramamiento de sangre injusto,
investigando el caso, recolectando evidencia y absolviendo al acusado de pena y
culpa.
Pero a eso nadie te lo cuenta. No vende, no enoja a nadie, no genera el
odio necesario contra la Iglesia así que no sirve ese relato, no sirve...
Y no,
Juan Pablo II no manipuló datos, pidió a los historiadores, incluso
historiadores no católicos, que lo investigaran todo y sin filtro.
Se les dio
acceso completo a los archivos de Vaticano, sin censura, sin pauta oficial, sin
nada. Puertas abiertas, documentos a plena disposición, incluso historiadores
liberales que hubieran querido hundir a la Iglesia con sus propios archivos salieron con las manos vacías y tuvieron que admitir que era todo una leyenda
negra, una gran mentira, un mito, un panfleto inventado por los protestantes
para ocultar su propia culpa y utilizado por los estados para promover la
separación el estado e Iglesia hasta el extremo absoluto.
Juan Pablo II agregó: "Aprecio vivamente este trabajo. La búsqueda histórica debe
servir a la verdad"
En 2005, el entonces Papa Benedicto XVI fue entrevistado por
History Channel. Su respuesta: "la Inquisición fue un gran progreso porque desde
entonces nadie podía ser condenado sin una investigación"
¿Por qué dice esto? ¡Porque antes no hacía falta evidencia para que te ejecuten! Es difícil
entenderlo para nosotros hoy porque vivimos en este tiempo, pero en aquella
época era así y de eso hay cientos de registros históricos.
¿Te das cuenta? El
tribunal más demonizado de la historia en su tiempo era un avance judicial. Y
aún así muchos católicos repiten con vergüenza lo que escucharon del mundo, sin saber que están repitiendo las mentiras fabricadas por el enemigo.
Inocente
hasta que se demuestre lo contrario. ¿Te gusta ese principio legal? ¿Cierto?
¿No irías a un juicio sin saber que tenés esa garantía? ¡Gracias, Santa
Inquisición!
La historia necesita justicia, no ajuste de cuentas.
La
Inquisición no fue perfecta, pero ni cerca el infierno que el anticatolicismo ha vendido durante varios siglos.
Los estudios lo prueban, las cifras lo confirman y la Iglesia, lejos de
esconderse, se animó a contarlo todo tres veces ya.
En 1997, con voz serena,
pero cargada de dolor, Juan Pablo II dejó dejó caer una frase que pasaría casi
inadvertida por el mundo, pero que encierra una de las denuncias más honestas
de su pontificado.
La Iglesia y el Papa son los que siempre piden perdón mientras otros permanecen callados. Tal vez esa sea la forma en que las cosas
se tienen que dar, pero no deja de doler. Porque mientras la Iglesia se somete a al juicio de la historia y se flagela públicamente en busca
de reconciliación, el silencio cómplice de otros poderes, sean estos políticos,
ideológicos, religiosos, o culturales, reina con impunidad.
Así lo reconocía
también la Comisión Teológica Internacional en Memoria y Reconciliación cuando
decía: "En el plano ecuménico es aún más de desear que estos actos de
arrepentimiento sean realizados en reciprocidad"
Juan Pablo II llegó a
realizar más de 100 actos de reconocimiento de culpa dirigiéndose a pueblos
indígenas, mujeres, ortodoxos, protestantes y hasta científicos. Pero nunca
exigió reciprocidad, nunca la esperó. Sin embargo, los hechos están ahí.
Como
recordaba el entonces cardenal Ratzinger, no se pueden cerrar los ojos ante
todo el bien que la Iglesia ha hecho en estos últimos dos siglos, devastados
por las crueldades de los ateísmos.
Y no se refería a una figura retórica. Según el libro negro del comunismo, los regímenes comunistas asesinaron a
más de 100 millones de cristianos solo en el siglo XX.
Pero hay más.
¿Quién
pide perdón por el genocidio de La Vendeé en manos de la masonería jacobina?
O
¿quién responde por los 500,000 campesinos franceses asesinados por profesar la
fe católica?
¿Y dónde está el mea culpa por los crímenes de las brigadas rojas
en México o España? Por Hiroshima, por Nagasaki, por Dresden, por la ocupación
en Medio Oriente.
El cardenal Bifi lo resumió con una sola pregunta punante: ¿A
quién pedirá cuentas la humanidad por los innumerables guillotinados franceses
en 1793, ajusticiados sin otra causa que la de pertenecer a un grupo social?
Por su parte, el historiador Franco Cardini reclamaba: "Sería gratificante
escuchar expresiones de pesar por parte de la reina de Inglaterra o de las
iglesias protestantes o de los líderes ortodoxos rusos o incluso del mundo
musulmán o de China por el actual trato a la Iglesia Católica. Porque mientras
la Iglesia se inclina con humildad para reconocer errores pasados, otros se
sientan en sus sillones condenándola sin jamás mirar su propio prontuario. Y es
el mismo Juan Pablo II quien advierte que ese desequilibrio puede ser
peligroso. Lo que hay que evitar, decía él, es que estos actos sean interpretados
como confirmaciones de posibles prejuicios respecto al cristianismo. Y lo dice
más claramente: "La historia de las religiones está revestida de intolerancia,
superstición, convivencia con poderes injustos y negación de la libertad de
conciencia. Por eso su pedido de perdón no es una retractación de la historia
católica sino un acto de valentía evangélica. No se niega el bien hecho, se lo
distingue, no se borra la historia, se purifica la memoria"
Tal vez, como él
dijo, así tengan que ser las cosas, pero eso no significa que no tengamos que
decirlo. Y ya es hora de que otros también pidan perdón.
Mientras la Iglesia se
somete al juicio de la historia sus enemigos manipulan la historia para
juzgarla. El verdadero escándalo no está en el mea culpa del cristianismo sino
en el silencio de quienes tienen mucho más que confesar y no lo han hecho.
Muchos, incluso desde dentro, confunden a la Iglesia con sus hijos y a sus
hijos con la Iglesia, pero claramente no son lo mismo.
El Concilio Vaticano II y
más recientemente la Comisión Teológica Internacional lo dejó bien claro. La
Iglesia es santa e inmaculada, aunque recibe en su seno a pecadores llamados a la
penitencia permanente, como explica el cardenal Giacomo Biffi siguiendo la enseñanza de
San Ambrosio.
Las heridas de los pecados no laceran a la esposa de Cristo sino
a quienes los cometen. La Iglesia es santa por Cristo, no por sus hijos.
Qué
importante es esto, porque si no entendemos esta distinción terminamos
creyendo que la Iglesia como institución tiene que pedir perdón por cada pecado
individual como si fueran suyos.
Pablo VI fue claro, la Iglesia sufre por los
pecados de sus hijos y tiene el poder de curarlos; sin embargo, esta verdad tan
elemental ha sido silenciada a veces por omisión, otras por cobardía, por
muchos que deberían haberla defendido. Y en ese vacío han proliferado los
errores, la ignorancia del sacerdote común, el conformismo del católico
mistongo, que pide perdón por todo, hasta por lo que no le corresponde. Y peor
aún, la traición del católico de mala voluntad. que conociendo la verdad la
niega.
Teólogos como Hans Kung o Von Balthazar han permitido atribuir a la Iglesia crímenes más grandes que los inventados por sus propios enemigos. Y así
se forma un magisterio paralelo, una contraiglesia infiltrada, denunciada por
Pablo VI como el humo de Satanás que ha entrado al templo de Dios. Pero si no
defendemos la verdad histórica y doctrinal de la Iglesia, ¿quién lo hará?
El
rabino Judá Levin, sí, un rabino ortodoxo, lo entendió mejor que muchos católicos.
La Iglesia no necesita ser destruida desde fuera: los católicos culturales e
izquierdistas lo hacen desde dentro.
Es tiempo de que sacerdotes, obispos y
fieles vuelvan a formarse, a instruir y a combatir la ignorancia, porque no
hay mayor escándalo que dejar que un error reine en nombre de la verdad.
Que
quede bien claro entonces, Juan Pablo II y Benedicto XVI nunca condenaron al
Tribunal de la Inquisición. Por el contrario, se basaron en investigaciones
serias para defender su carácter esencialmente justo.
Los pedidos de perdón
nunca apuntaron a la doctrina ni a las instituciones de la Iglesia, sino
únicamente a abusos particulares de algunos hijos desobedientes. No existe
ningún documento magistral que condene a la Inquisición. Lo que existe son opiniones
personales, ni infalibles ni vinculantes. Los teólogos progresistas y algunos
medios católicos no representan a la Iglesia y sus opiniones no tienen ni
autoridad ni peso doctrinal.
Y la conclusión del simposio internacional sobre
la Inquisición fue clara: esta fue un tribunal justo donde más del
98% de los acusados no fueron ejecutados y donde se ofrecieron garantías
procesales únicas para la época.
Esta es la verdad. Y como dijo Juan Pablo II, no se puede pedir perdón por lo que no es culpa, pero sí hay que pedir
perdón por los pecados reales para poder caminar hacia la verdad.
Nosotros no
queremos defender el pecado pero tampoco vamos a permitir que se condene
a la
santidad.
La Iglesia es santa: Cristo no se casó con una prostituta, lo hizo con una reina.
Y nosotros no seremos los que la escupan en el rostro a fin de agradarle al mundo y ser políticamente correctos...
Pablo / @DruidBloggerOK
-desgrabación y organización textual de video editado en youtube por Guido Lizzi-